Mientras gran parte del país desarrolla su rutina, miles de personas dedican su vida a resolver de manera silenciosa y voluntaria los problemas de su comunidad. Son los dirigentes sociales, hombres y mujeres que pocas veces ocupan titulares, pero que todos los días sostienen el tejido social de Chile.

Por esta razón, cada 7 de agosto se conmemora el Día Nacional de los Dirigentes Sociales y Comunitarios. Esta efeméride fue instituida oficialmente en 1998 por el presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle para honrar el hito del 7 de agosto de 1968, fecha en que el mandatario Eduardo Frei Montalva publicó la primera Ley sobre Juntas de Vecinos y Organizaciones Comunitarias. Posteriormente, este rol histórico fue respaldado y potenciado con la promulgación de la Ley N.º 20.500 sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública, firmada por el presidente Sebastián Piñera el 4 de febrero de 2011.

Su aporte va mucho más allá de representar una junta de vecinos o una organización comunitaria. Son quienes escuchan antes que nadie las necesidades de los barrios, gestionan soluciones, articulan redes, convocan voluntades y transforman las inquietudes de la ciudadanía en acciones concretas. En muchos casos, son el primer puente entre las personas y el Estado, acercando los servicios públicos a la realidad de los territorios y promoviendo, al mismo tiempo, la colaboración con el mundo privado para impulsar iniciativas de desarrollo local.

Sin su liderazgo, muchas políticas públicas tendrían mayores dificultades para llegar a quienes más las necesitan. Sin ellos, la participación ciudadana sería más débil y las comunidades perderían una de sus mayores fortalezas: la capacidad de organizarse para construir soluciones colectivas.

Pero los desafíos han cambiado. Hoy no basta la voluntad. Se requiere formación en liderazgo, gestión organizacional, formulación de proyectos, herramientas digitales, resolución de conflictos y trabajo colaborativo. Es aquí donde la educación superior tiene una responsabilidad que trasciende la formación profesional. La academia debe abrir sus puertas a los territorios, acompañar a quienes lideran sus comunidades y transformarse en un socio estratégico para fortalecer el capital social del país. En este sentido, las instituciones Santo Tomás en Osorno están realizando un trabajo profundo en la preparación de los dirigentes sociales de seis comunas de la Provincia, apoyados por sus municipios, cuestión que creemos indispensable seguir ampliando y mejorando.

Cuando la academia forma dirigentes sociales, no solo entrega conocimientos; fortalece la democracia, promueve la participación y contribuye al desarrollo sostenible de los territorios. Cada dirigente mejor preparado multiplica oportunidades para cientos de familias.

Reconocer a los dirigentes sociales no puede ser un gesto simbólico de un día. Debe convertirse en una política permanente de fortalecimiento del liderazgo comunitario y de promoción de nuevos liderazgos, especialmente entre los jóvenes. Porque el desarrollo de un país no comienza en los ministerios ni en las grandes empresas. Comienza en los barrios, en las organizaciones y en las personas que, sin buscar reconocimiento, trabajan cada día para mejorar la vida de los demás. Ellos son, probablemente, los líderes más importantes que tiene Chile.

Eugenio Larraín Hernández. Rector IP y CFT Santo Tomás sede Osorno