Lo que comenzó como una experiencia medioambiental en una escuela municipal hoy se proyecta como una iniciativa que conecta educación, naturaleza y participación comunitaria en distintos puntos de Osorno. La Ruta Miyawaki, impulsada durante este año, culminó el sábado 5 de septiembre con la plantación del bosque número 33 en el parque Chuyaca, reuniendo a más de 700 voluntarios.
La iniciativa se inició en mayo de 2025 en la Escuela Deportiva, experiencia que durante este año tomó una nueva dimensión al transformarse en una ruta que comenzó en la Escuela España y posteriormente recorrió establecimientos educacionales urbanos y rurales. A este recorrido se sumaron también las bibliotecas Rahue y Francke, ampliando el alcance de una propuesta que busca fomentar la vegetación nativa y la educación ambiental.
El profesional del DAEM y encargado de articular el vínculo con los establecimientos educacionales, Rodrigo Toledo, explicó que la idea fue convertir las distintas experiencias y voluntades en un proyecto común.
“Lo que hicimos este año es transformar esa iniciativa en una ruta, una Ruta Miyawaki que parte en la Escuela España este año y recorrimos distintos establecimientos urbanos y rurales”, precisó.
El cierre en el parque Chuyaca permitió concretar un gran bosque de bolsillo que contempla más de 1.900 plantas y árboles nativos, fruto de la colaboración entre empresas, fundaciones, voluntarios e instituciones.
El encargado de Medioambiente de la Municipalidad de Osorno, Sixto Salazar, explicó que la iniciativa forma parte de un proceso que comenzó a desarrollarse el año pasado y que durante 2026 adquirió mayor fuerza.
El profesional destacó que son 33 los lugares intervenidos, vinculando esta iniciativa con el modelo “Osorno Ciudad Parque” y con el Plan de Acción Comunal de Cambio Climático, que contempla potenciar núcleos de vegetación nativa en distintos parques y áreas de la comuna.
“Esta relación público-privada permite fomentar el desarrollo y cuidado de nuestras áreas verdes, la educación ambiental y potenciar nuestra vegetación nativa”, señaló Salazar, valorando además la participación abierta y voluntaria de distintas instituciones y empresas.
La jornada de cierre también tuvo un marcado componente comunitario. Marcelo Pérez, voluntario de Fundación Cerro Arriba, destacó la participación de personas de distintas edades y territorios.
“Entre todos construimos un nuevo refugio para la naturaleza y para las personas”.
El voluntario valoró que el proceso haya reunido a niños pequeños, adultos mayores y comunidades del mundo rural, además de voluntarios, empresas e instituciones, en una experiencia caracterizada por el trabajo colaborativo.









