Paulina Lobos, presidenta de la Corporación de Desarrollo del Sur
Cada cierto tiempo volvemos a escuchar la misma preocupación: ¿quiénes se harán cargo del campo en los próximos años? La pregunta es legítima. Un análisis de Odepa basado en el Censo Agropecuario 2021 muestra que cerca de tres de cada cuatro productores y productoras tienen 50 años o más. El relevo generacional no sucederá por sí solo: los jóvenes necesitan conocer el agro, encontrar oportunidades y visualizar un futuro en él.
La conversación suele concentrarse en cómo despertar el interés de las nuevas generaciones. Sin embargo, el desafío es más amplio. También debemos preguntarnos qué estamos haciendo, desde las empresas, los gremios, los establecimientos educacionales y las instituciones, para que ese interés se transforme en una trayectoria laboral posible.
El agro actual ofrece caminos mucho más diversos de lo que solemos mostrar. Junto a las labores productivas, hay espacio para la tecnología, la automatización, el análisis de datos, la gestión de recursos, la investigación, la comercialización y el emprendimiento. Dar a conocer esas alternativas es fundamental, especialmente a estudiantes que están próximos a decidir qué estudiar o dónde comenzar a trabajar. Difícilmente alguien puede proyectarse en un sector que apenas conoce.
Desde la Corporación de Desarrollo del Sur trabajamos para acercar a las nuevas generaciones al sector agropecuario a través de distintos proyectos e iniciativas. Un ejemplo son los Juegos del Agro, que organizamos junto al GTT Renovales y que, en su reciente edición, reunieron a cerca de 500 estudiantes de 15 liceos de Los Ríos y Los Lagos. Más allá de la competencia, esta instancia permite que los jóvenes conozcan de cerca la actividad productiva, se vinculen con empresas y descubran capacidades y oportunidades que no siempre logran visualizar desde la sala de clases. El desafío es que estos encuentros no sean hechos aislados, sino parte de una relación permanente entre el mundo educativo y el sector productivo.
Abrir las puertas es solo el primer paso. El relevo generacional también exige prácticas profesionales bien acompañadas, empleos con perspectivas de crecimiento, acceso a capacitación y espacios donde las ideas de los jóvenes sean escuchadas. Para quienes quieren emprender o continuar una empresa agrícola familiar, se necesitan herramientas de gestión y condiciones que faciliten asumir responsabilidades. De poco sirve entusiasmar a un estudiante si después no encuentra dónde desarrollarse.
En el sur existen empresas, gremios y liceos técnico-profesionales capaces de impulsar este desafío. Las empresas deben ofrecer formación y posibilidades de crecimiento; los gremios, conectar a los jóvenes con el sector; los establecimientos, vincular el aprendizaje con la realidad productiva; y el Estado, generar condiciones para trabajar y emprender en el agro.
El relevo generacional no es tarea de una sola institución. Los esfuerzos en marcha deben ampliarse y mantenerse en el tiempo. No basta con pedirles a los jóvenes que apuesten por el campo: a quienes hoy tomamos decisiones nos corresponde demostrarles, con oportunidades reales, que vale la pena hacerlo.









