El especialista en inteligencia y seguridad, Pablo Zeballos, analiza el impacto de las recientes suspensiones de clases en establecimientos del sur del país. Advierte que la normalización de la violencia y la pérdida de autoridad académica generan un escenario propicio para que bandas criminales recluten a menores de edad.

La jornada de este jueves estuvo marcada por la preocupación en diversas comunidades educativas del sur de Chile. Varios establecimientos educacionales se vieron obligados a suspender sus actividades académicas tras recibir amenazas de tiroteos y actos de violencia.

Este fenómeno, que afecta la seguridad de estudiantes y docentes, fue analizado por Pablo Zeballos, especialista en inteligencia y crimen organizado. Para el experto, estos hechos no son aislados ni esporádicos, sino la consecuencia de años de «irresponsabilidad social».

Zeballos señaló en Radio Sago que la sociedad chilena ha ido difuminando los límites de lo que es aceptable. Según explica, sectores de la clase política normalizaron la violencia en las calles, lo que finalmente terminó por replicarse dentro de las aulas por aprendizaje e imitación.

Pérdida de autoridad en las aulas

Uno de los puntos críticos detectados es el debilitamiento de la autoridad académica dentro de los recintos escolares. Los equipos encargados de mantener la convivencia se encuentran actualmente «sobrepasados», especialmente en sectores de mayor vulnerabilidad.

La violencia que se observa cotidianamente en espacios públicos, como las disputas entre conductores en Puerto Montt, se traslada inevitablemente a los hogares y colegios. Esta conducta agresiva se ha transformado en una forma de imponerse sobre el resto.

Para el especialista, el sistema educativo ha priorizado la formación académica por sobre la cultura cívica. «Tenemos un problema serio donde tenemos que hacer un mea culpa social muy fuerte y decir hasta cuánto toleramos la violencia», afirmó Zeballos.

El riesgo del reclutamiento criminal

La mayor preocupación radica en que el ejercicio de la violencia escolar puede escalar hacia lógicas de crimen organizado. Zeballos advierte que este entorno es el «campo de cultivo» ideal para que bandas busquen reclutar a los perfiles más violentos.

Las estructuras criminales, que ya tienen presencia en zonas como Osorno y Puerto Montt, requieren el reclutamiento temprano de niños y adolescentes. Esto es fundamental para asegurar lo que denominan la «continuidad operativa» de sus negocios ilícitos.

En este esquema, los menores suelen ser utilizados como «halcones», encargados de advertir la presencia policial. Según el experto, este proceso de captación es el paso siguiente ante la deserción escolar y la falta de control en los recintos educativos.

Factores de vulnerabilidad social

El escenario se agrava con el aumento de la población penal y la fragilidad del sistema penitenciario en regiones. Por ejemplo, se ha detectado que integrantes de bandas como «Los Gallegos» han terminado en recintos del sur del país.

Para combatir esta tendencia, Chile cuenta con profesionales capacitados en comportamiento escolar y prevención de bullying. Sin embargo, Zeballos sostiene que este conocimiento se está desperdiciando por no ser una prioridad en las políticas actuales.

La respuesta a esta crisis requiere definir objetivos claros y un compromiso social que condene la violencia en todas sus formas. La evolución de este fenómeno en los próximos meses será clave para determinar si el Estado logra recuperar el control de los entornos educativos.