Charles Scicluna: Una nueva primavera en la Iglesia en Chile

Es considerado hoy como el mayor experto en la lucha contra los abusos en la Iglesia universal. Hombre de confianza del Papa Francisco, el secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y arzobispo de Malta, ha tenido a su cargo algunas de las investigaciones más complejas de la Iglesia, como el caso del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, en 2005.

En febrero de este año lideró la organización del “Encuentro para la protección de menores en la Iglesia”, que congregó a representantes de 114 conferencias episcopales de todo el mundo, donde se escucharon dramáticos testimonios de víctimas y sobrevivientes de abusos.

Charles Scicluna (59), el mismo obispo que hace casi un año, frente a cientos de feligreses reunidos en la Catedral San Mateo, pidió perdón de rodillas a nombre del Santo Padre “a cada uno de los fieles de la Diócesis de Osorno y a todos los habitantes de este territorio, por haberles herido y ofendido profundamente”. Pero no sólo gestos han marcado su servicio pastoral en la Iglesia que peregrina en Chile.

El “Informe Scicluna”, una investigación de 2.300 páginas con antecedentes y testimonios recopilados por el propio arzobispo y el padre Jordi Bertomeu, evidenciaban numerosas situaciones de abuso de poder, de autoridad y de abuso sexual en la Iglesia de Chile. Algunas conclusiones de este informe fueron incorporadas en un documento de trabajo y meditación que el Santo Padre entregó a todos los obispos chilenos reunidos en Roma a mediados de mayo de 2018, en el cual el pontífice reconocía con perplejidad y vergüenza sus “graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación”.

El texto revelaba la incardinación en diócesis de religiosos expulsados, con antecedentes de graves hechos delictivos, que eran minimizados como “debilidad” o “falta moral” y que implicaron un contacto cotidiano y directo con menores de edad; gravísimas negligencias en la protección de los niños vulnerables por parte de obispos y superiores religiosos; presiones ejercidas sobre aquellos que debían llevar adelante la instrucción de los procesos penales; obispos o superiores que habrían confiado instituciones educativas a sacerdotes sospechosos de homosexualidad activa, entre otros hechos.

¿Cómo ve a la iglesia en Chile hoy?

Antes que nada, quiero desearle lo mejor a monseñor Celestino Aós en su nueva misión. Tomo también la ocasión para darle las gracias al pueblo chileno por la acogida que me dio cuando yo estuve en Chile el año pasado. Por lo que concierne a mi deseo y mi oración para la querida iglesia en Chile, tengo que confesar que en los últimos meses, que han sido bastante difíciles, vi desarrollos positivos en la Conferencia Episcopal de Chile, lo que para mí es un signo de gran apertura para que se haga justicia a las víctimas.

En términos de apertura, ¿por qué el Vaticano no entrega el “Informe Scicluna” a la justicia y lo hace público?

La respuesta es muy simple. Porque la documentación y testimonios que yo recibí de tantas personas que me entregaron su confianza en Chile -en la segunda misión en particular- respondía a que la información iba a ser dirigida directamente al Santo Padre. Ésta era la intención y deseo de las personas con las que nosotros nos encontramos en Chile. Yo consigné toda la información al Papa y estoy convencido de que él respetará la voluntad de estas personas, que tuvieron fe en él. Sin perjuicio de lo anterior, animo a todas las personas que así lo deseen, a que entreguen sus antecedentes a la justicia chilena.

¿Cuál es la relación entre la Congregación de la Doctrina de la Fe (CDF) y la Fiscalía chilena?

En general la CDF no tiene relación directa con los investigadores civiles. Ellos tienen que hacer sus requerimientos a la Secretaría de Estado, que es la autoridad de la Santa Sede que tiene en sus manos las relaciones internacionales. Tenemos disponibilidad para colaborar, pero la cosa que yo siempre he dicho a todas las fiscalías -no sólo a la de Chile- es que los requerimientos que hagan sean puntuales, tramitados a través de los canales específicos y con la formalidad correspondiente.

¿Cuál es su percepción de la lucha de las conferencias de obispos contra el abuso, luego del Encuentro Sobre Protección a Menores en la Iglesia?

La primera percepción que tuve fue que no todos nos encontramos en el mismo punto de evolución y de práctica. Existen áreas en el mundo donde tenemos que trabajar para que se logre algo más y alcancemos el bien. Las normativas más avanzadas existen hoy en los países de cultura anglosajona, como Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. También en Malta tenemos un grupo de expertos que apoyan a los obispos desde 1999, y en 2015 tuvimos una revisión de nuestros protocolos. Tratamos de estar en la vanguardia en la prevención y la tutela de los menores.

¿Cuántas denuncias de abusos ha recibido la CDF en el mundo?

No tengo datos precisos para poder compartir ahora, pero existen datos importantes que puedo confirmar. Lo primero es que continúa el fenómeno de que la mayor parte de las víctimas son de sexo masculino, en el caso de abusos cometidos por clérigos. Lo segundo es que en la mayoría se trata de casos en países de lengua española. Este es el dato más reciente, que nace después del 2012. Tengo que decir que en estos últimos años hubo muchos casos provenientes de Chile.

¿Se comunicará la cantidad de casos investigados y en investigación?

Es una solicitud legítima. Hay voluntad en la CDF de utilizar los instrumentos y el personal necesario para que estas estadísticas sean de dominio público. Pero esto necesita tiempo, porque hablamos de una revisión que implica recoger datos estadísticos de centenares de casos desde el 2001 en adelante.

¿Cuál es la situación del “Caso Maristas”?

El Papa concedió al CDF la competencia de ver los casos que se refieren a algunos de los maristas de Chile. Existe una gran cooperación y ayuda de parte de los responsables de la investigación.

¿Comparte la opinión de que los cambios en la iglesia en Chile han ido muy lento?

Yo no estoy en condiciones de dar un parecer sobre eso. Sé que la situación la gestiona directamente el Santo Padre con la ayuda de la Congregación de los Obispos. Les pido a los chilenos que oren mucho por el Santo Padre, para que siga tomando todas las decisiones necesarias, para que exista una nueva primavera en la Iglesia en Chile.

Su informe detectó graves problemas con sacerdotes homosexuales activos. ¿Cómo abordar este tema? ¿Debiera permitirse a los sacerdotes casarse?

Esto es algo que depende mucho de la expertise de los sicólogos y de los padres espirituales formadores. Desde 1991, con la Constitución Apostólica “Pastor Bonus” de san Juan Pablo I, la Iglesia valorizó la formación humana de los seminarios. Existen frutos positivos, con sacerdotes mejor formados y más unidos y equilibrados afectiva mente. Desgraciadamente, en el mundo, la mayor parte de los abusos han sido cometidos por gente que está casada, por lo que el matrimonio (de los sacerdotes) no es la respuesta. La respuesta se encuentra en todos los métodos de prevención y en la formación de los futuros sacerdotes, bajo una sana paternidad y fraternidad espiritual, en la cual no se entienda el sacerdocio como un privilegio, sino que como un servicio.

En la Carta Apostólica “Como una Madre Amorosa” de 2016, el Papa indica el encubrimiento como una negligencia ¿Podría tipificarse en los delicta graviora?

El Papa ya dijo que el encubrimiento es un delito grave, tan grave como es el abuso sexual. Tengo que decir que un pastor que es culpable de encubrimiento no es digno de ser pastor. Este es el punto que diferencia al pastor que actúa como una madre amorosa, que no obra en la maldad del encubrimiento, sino que toma conciencia del daño que se hace al Pueblo de Dios. El encubrimiento no hay que aceptarlo.

¿Corresponde revisar el “Secreto Pontificio” en relación con la protección de menores en la iglesia?

Esto se está debatiendo en varios niveles. Es algo que hay que discutir en la CDF, también con la Secretaría de Estado. Existen diferentes opiniones sobre qué es lo que el Papa debiera decidir. Existe un movimiento en evolución que recomienda quitar la confidencialidad máxima en estos casos, protegiendo la buena fama y la libertad, que viene garantizada en todo caso. Para mí esto bastaría.

¿Debiera restringirse a los sacerdotes el acompañamiento espiritual o tutorías a menores de edad?

Existen muchas indicaciones en los países anglosajones, por ejemplo, que indican normas de comportamiento con menores. Es mejor que el sacerdote esté acompañado por más adultos, en ambientes bien iluminados, accesibles al público. Y si tiene que confesar a menores, debe ser en un ambiente en el cual pueda ser vigilado. La ayuda de los padres es esencial para garantizar que la Iglesia sea un ambiente sano y seguro.

El cardenal George Pell se mantuvo en su cargo por años en el Vaticano cuando había evidencia en su contra. ¿Hay protección especial a cardenales?

Las palabras del Santo Padre Francisco han sido muy claras. Aquí no hay diferencias entre los clérigos, la problemática de la acusación siempre es trágica y hace daño. La respuesta de la Iglesia tiene que ser una respuesta justa y sin mirar la importancia del cargo.

¿Es posible establecer la verdad sobre acusaciones de abusos en contra de sacerdotes fallecidos, como en el caso del P. Renato Poblete?

En mi opinión, la respuesta está en la misma pregunta. Es muy, muy difícil. Pero sí, es posible.

¿Cómo combatir la pornografía en el mundo digital y el turismo sexual que ha solicitado el Papa?

Predicar los diez mandamientos y no dejar ni siquiera uno afuera. El número seis y el número nueve lo dicen todo. Tenemos que predicar la palabra de Dios y predicar la moral sana de la Iglesia. De todos modos, debemos hacer alianzas con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, porque esta es la lucha más grande que nosotros tenemos que dar como Iglesia y como familia humana. Tenemos que unirnos para combatir esta plaga, que no es solo un fenómeno grave y triste de la Iglesia, sino que también está presente en muchas otras experiencias humanas.

¿Cómo acelerar el cambio cultural en torno a la prevención y a la denuncia de los abusos en la Iglesia?

Lo principal para cada comunidad es la formación y la información. La formación y el sentido del deber en el denunciar los abusos en cualquier lugar que se encuentren y que estos existan.

¿Cómo ha visto al Papa Francisco en esta lucha?

El Papa tiene un corazón muy grande y también una serenidad extraordinaria. Hace lo que más puede y me parece que duerme tranquilo, porque sabe que está bajo la voluntad de Dios.

¿Habrá una encíclica donde se plantee el flagelo del abuso?

Si tuviéramos que recoger todo lo que dijo el Papa Francisco ha dicho y escrito durante estos últimos años sobre la lucha contra este crimen realmente tremendo, ya tendríamos una encíclica en sí. Lo que yo creo que tenemos que hacer es parar y leer todo lo que el Santo Padre ha dicho en este tiempo y asumirlo.

¿Qué se siente al enfrentar a sacerdotes que han cometido delito y dañado a personas que debían proteger, guiar y acompañar?

Mi experiencia no es fácil, es una experiencia muy difícil, genera mucho sufrimiento, mucha tristeza. Pero agrego también que el encuentro con las víctimas que sufrieron inmensamente es una motivación certera y segura, porque se trabaja para lograr la justicia y lograr la verdad. Justicia y verdad para poder rendir un servicio a los que sufrieron.

¿Algún mensaje al pueblo chileno?

El mensaje antes que todo es dar las gracias. Aunque no ha sido fácil, tengo una enorme gratitud por la experiencia vivida en las dos misiones, en Santiago de Chile y en Osorno, en 2018. Un mensaje también de coraje, de esperanza. La querida tierra chilena dio muchos santos, yo tuve la oportunidad en las dos misiones de visitar los santuarios dedicados a Teresa de Los Andes, a Alberto Hurtado y a Francisco Valdés Subercaseux, el obispo de Osorno. Estos son santos que son la gloria de Chile. No sólo tenemos que pensar en nuestros defectos, sino que también pensar en tantos frutos y tanta santidad.

Fuente: Periódico Encuentro

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