Ante este escenario, el presidente de la SNA, Antonio Walker, anticipa un ajuste relevante en la industria de la cereza chilena “más temprano que tarde”.

La temporada pasada quedó marcada como la peor en la historia de la industria de la cereza, principal producto de exportación frutícola del país. Por eso, el actual ciclo es clave para anticipar el futuro del sector; sin embargo, el balance preliminar no es positivo. Producto de los envíos récord a China —por lejos el principal mercado—, el año pasado los precios de la cereza chilena registraron una caída sin precedentes, estrechando con fuerza los márgenes del negocio. Y si bien en la actual temporada, según la industria, los precios han mejorado respecto de 2024-2025, el repunte ha estado por debajo de lo esperado, pese a haberse reducido el volumen exportado.

Con cerca del 60% de la fruta ya vendida, los resultados comerciales no han alcanzado las expectativas iniciales y la industria comienza a asumir que se aproxima un proceso de ajuste profundo, marcado por mayores exigencias en calidad, calibre, variedades y eficiencia productiva. Así lo advirtió el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, quien destacó a Emol que si bien durante esta temporada hubo menor volumen, condición y calidad de la fruta, los precios no han respondido como se anticipaba. Uno de los factores clave era el Año Nuevo Chino, que este año se celebrará el 17 de febrero, una de las fechas más tardías que se recuerden. En teoría, este calendario debía favorecer a la fruta proveniente del Maule y del sur, al llegar más cerca del peak de consumo. Sin embargo, su efecto ha sido limitado.

«Pensábamos que este calendario iba a ayudar más, pero no está ocurriendo en la magnitud esperada. Los precios están regulares, mejores que el año pasado, pero no como pensábamos que iban a estar», sostuvo. Entre las explicaciones, Walker apuntó directamente a la menor capacidad de consumo del mercado chino, pese a las cifras macroeconómicas que muestran un crecimiento cercano al 5%. «Cuando uno está en China se da cuenta de que hay menos poder adquisitivo. La realidad del consumidor es distinta a la que reflejan los números, y eso influye directamente en un producto de precio alto como la cereza», afirmó.

De acuerdo con el medio FreshPlaza, Nicolás Yavar, de Upac Fruit, señaló que «actualmente, las cerezas se están comercializando en China en torno a US$30 por caja de 5 kilos. Cuando se descuentan los costos internos, comisiones y flete, el retorno al productor no es bueno». «La situación está compleja, especialmente por la concentración de los envíos hacia un solo destino. Más del 90% de las cerezas chilenas se dirige a China y hoy la demanda ha sido más lenta de lo esperado», agregó. Dispersión de precios y castigo por variedades Otro elemento clave ha sido la fuerte dispersión de precios según calibre y variedad.

Walker explicó que el mercado chino es cada vez más exigente y castiga aquellas variedades que no cumplen con los requisitos de firmeza, sabor y condición postviaje. «Hay variedades tempranas que salen antes, pero no tienen las condiciones organolépticas que exige el mercado. Nimba, Royal Dawn, Van, Lambert, Stella o Sweetheart no están dando resultado», afirmó. En contraste, variedades como Santina, Lapins, Regina y Cordia continúan mostrando un mejor desempeño. Un ajuste inevitable Walker fue enfático en señalar que la industria enfrenta un ajuste inevitable, tanto en variedades como en huertos y zonas productivas. «No vamos a poder seguir exportando todas las variedades que hoy tenemos plantadas. Vienen ajustes en huertos que no puedan producir más de 12 toneladas, en portainjertos que no entregan calibre natural y en zonas que no resisten el viaje a China», sostuvo.

En ese contexto, advirtió que huertos que antes eran rentables con 5.000 kilos por hectárea, hoy dejarán de serlo. «Esto va a pasar a ser una actividad para superprofesionales, muy tecnificada y con altos rendimientos. La cereza va a pasar a ser un negocio de fruta, no de cereza, con rentabilidades ajustadas. Estábamos acostumbrados a retornos muy distintos a los de la fruticultura histórica», afirmó. Walker recordó que procesos similares ya ocurrieron en otras especies, como la manzana, la uva de mesa y el kiwi, que redujeron drásticamente su superficie tras años de sobreoferta.

«Hoy tenemos cerca de 80 mil hectáreas de cerezas. La pregunta es cuántas van a quedar después de este ajuste», planteó. Cabe señalar que, de acuerdo con el catastro frutícola Odepa-Ciren, el 54% de la superficie de cerezas se encuentra en etapa de producción creciente (entre 4 y 8 años), y un 40% corresponde a la variedad Santina, lo que anticipa mayor oferta temprana en los próximos años. Finalmente, Walker señaló que el balance final aún no está escrito. «Todavía queda fruta por vender y una parte importante está guardada. Tenemos la esperanza de que la cola de la temporada mejore los promedios. Pero una vez que termine, como gremio y como país, vamos a tener que sentarnos a hacer las correcciones. Lo que es claro es que el ajuste viene, y más temprano que tarde».

Fuente: Emol.com