Hoy 17 de febrero comenzaron las celebraciones del año nuevo chino, donde se supone que las cerezas son apetecidas.

«Lo precios históricos ya no van a volver», resaltan desde el sector, donde ya se levantan opciones para el reemplazo de la cereza, apareciendo el avellano y el kiwi como opciones.

El Año Nuevo Chino marca cada temporada el momento más relevante para la industria chilena de la cereza. Durante estas semanas se concentra el mayor consumo en el gigante asiático, donde la fruta es símbolo de prosperidad, afecto y buena fortuna. Sin embargo, este 2026 el festejo llega acompañado de una certeza que en el sector ya se comenta sin miedo: el período de bonanza terminó.

Las primeras conclusiones de la temporada apuntan a que, aunque los resultados serían algo mejores que el ciclo anterior, los precios volvieron a ubicarse muy por debajo de las campañas históricas a las que se habían acostumbrado, por lo que varios productores anticipan balances negativos y un cambio estructural en el negocio. La razón principal es conocida: la oferta superó definitivamente a la demanda.

El presagio que se cumplió El año pasado el mercado ya había dado señales. La sobreoferta saturó China —principal destino— y provocó un desplome cercano al 50% en los precios, algo que tomó por sorpresa a gran parte del sector. Pero no a todos: hace un año, el académico UC y productor Juan Pablo Subercaseaux advertía que el fenómeno no tenía solución simple. Mientras la industria buscaba soluciones, hablando de diversificar mercados o mejorar la calidad, él sostenía que el problema era estructural. «Pensar que esto se arregla abriendo nuevos mercados es absolutamente falso. El gran negocio de la cereza ya murió», afirmó entonces a Emol, por lo que hoy sus palabras comienzan a asumirse como una realidad.

Fin al superciclo

Hoy la industria comienza a asumir esa realidad. «Se acabó el súper ciclo y esos precios históricos ya no van a volver. Con márgenes más apretados, hay que plantearse si seguirá siendo negocio para quienes produzcan menos de 10.000 o 12.000 kilos por hectárea», dijo a El Mercurio Patricio Bravo, gerente general de Agrícola Don Fortunato. El ejecutivo explicó que la sobreoferta diluyó el carácter «novedoso» del regalo de cerezas en China previo al Año Nuevo Lunar. «La oferta sobrepasó totalmente la demanda y la caída de precios fue dramática», afirmó.

Subercaseaux coincide: «Desde que subimos de 85 millones a 125 millones de cajas, nos golpeó muy fuerte en precio». Añade que factores como la economía china influyen, pero el origen es claro: oferta superior a la demanda.

Más hectáreas, pero menos rentabilidad


El problema se incubó durante años de expansión acelerada. Según datos de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa), a nivel nacional existirían 77.765 hectáreas de cerezos plantados, un 16,4% del total de la superficie de especies frutícolas.

Hace 10 años se registraban 24.498 hectáreas en todo el país. Así, de acuerdo con los datos presentados por el Catastro Frutícola elaborado por el Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN), con apoyo de Odepa, en la Región Metropolitana la superficie plantada pasó de 5.429 a 6.156 hectáreas entre 2023 y 2025, lo que representa un aumento de 13,4%.

En los principales polos productivos, el Maule, el crecimiento también fue relevante: entre 2022 y 2024 avanzó desde 27.817 a 32.801 hectáreas, equivalente a un alza de 17,9%. A su vez, la Región de O’Higgins evidenció un incremento aún mayor, pasando de 22.966 a 29.934 hectáreas, con una expansión de 30,3%.

El caso más acelerado se observa en Valparaíso, donde el cultivo más que se duplicó, entre 2023 y 2025 aumentó desde 427 a 1.019 hectáreas, lo que implica un crecimiento de 138,5%. Precios y rentabilidad a la baja

Precios y rentabilidad a la baja

Durante el auge, los retornos alcanzaron rentabilidades cercanas a US$40.000 por hectárea en la zona central. Hoy rondan los US$8.000. Incluso, el precio también se ajustó desde niveles de US$3-6 por kilo a un rango estimado de US$1,50-2,50 por kilo. «El productor que no pueda afrontar esos costos está condenado a desaparecer», afirmó Bravo. Isabel Widmer, gerenta general de Abud & Cía., sostuvo que fue un «golpe económico», advirtiendo que el sector asumió erróneamente que la demanda china era ilimitada. Desde el Comité de Cerezas de Frutas de Chile, su directora ejecutiva Claudia Soler indicó a El Mercurio que la fruta entra en una etapa distinta: «La cereza pasa a ser una industria estable y competitiva, donde la rentabilidad dependerá de calidad, diferenciación y eficiencia».

La ministra de Agricultura, Ignacia Fernández, dijo a Emol que el sector enfrentará un proceso de ajuste. «Chile ha construido en pocos años un liderazgo mundial en cerezas que hoy entra en una etapa de mayor exigencia y consolidación. Este proceso implica ajustar y sofisticar la industria, profundizando la diversificación de mercados y los estándares de calidad que distinguen a nuestra fruta». El presidente de la SNA, Antonio Walker, advirtió previamente que no todas las plantaciones sobrevivirán, huertos de bajo rendimiento, portainjertos deficientes o zonas poco aptas deberán salir del negocio. «Como gremio y como país, vamos a tener que sentarnos a hacer las correcciones. Lo que es claro es que el ajuste viene, y más temprano que tarde», dijo.

Mientras que Subercaseaux aseguró que el ajuste será profundo: «Necesitamos volver a 85 millones de cajas. Eso implica arrancar más de 30.000 hectáreas».

Soluciones: avellanos y kiwis ganan terreno

Frente al nuevo escenario, los productores evalúan cambiar de especie. Subercaseaux comentó a El Mercurio que desde Curicó al sur se observa migración hacia avellano europeo, cultivo demandado por la industria confitera —Ferrero y Nestlé— y favorecido por problemas climáticos en Turquía e Italia. El productor Christian Chadwick afirmó que Chile podría transformarse en el mayor productor mundial de avellano premium. «Chile se va a convertir, en el tiempo, en lo que era Turquía hace 20 años en el mercado de avellanos (…). Vamos en camino a ser el mayor productor de avellanos premium del mundo», dijo.

Chadwick sostuvo que esta industria «significa una gran oportunidad para el sur del país, porque los cultivos tradicionales (trigo, avena o cebada) siguen mostrando un comportamiento con rentabilidades muy bajas (…) Los avellanos tienen un futuro estable y no va a pasar lo que ha pasado con otros productos que se ponen de moda y después se caen». También surge el kiwi como alternativa. Según IQonsulting, en 2025 Chile exportó 147 mil toneladas por US$321 millones, con mercados diversificados en Europa, América Latina y Norteamérica, característica valorada frente a la dependencia china de la cereza. Así, las proyecciones indican que la producción podría alcanzar 145 millones de cajas en la próxima temporada, lo que refuerza la necesidad de ajuste. La industria comienza así una etapa distinta: menor euforia, mayor eficiencia y una especie de «selección natural» de productores.


Fuente: Emol.com