Este 7 de julio, coincidiendo con el Día Internacional de la Conservación del Suelo y un sistema frontal que proyecta caídas de hasta 100 milímetros de agua en la zona, especialistas alertan sobre la vulnerabilidad del territorio.
En la Región de los Lagos, el 28% de los suelos ya se encuentra erosionado, lo que significa que tres de cada diez hectáreas productivas han perdido parte de su capa fértil.
Ingrid Martínez, ingeniera agrónoma e investigadora de INIA Remehue, señaló que el fenómeno es causado principalmente por la erosión hídrica, donde la lluvia arrastra sedimentos y nutrientes esenciales para los cultivos.
Cifras críticas de degradación nacional
A nivel país, la situación es preocupante: estudios del Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN) indican que el 49% de los suelos en Chile presenta algún grado de erosión.
Lo más alarmante es el aumento de la erosión severa, que pasó de afectar a un 6% de la superficie en la década de 1970 a casi un 30% en las mediciones de 2010.
Este daño profundo reduce drásticamente la capacidad productiva, especialmente en zonas de pendiente donde el suelo queda desnudo ante el impacto directo de la gota de lluvia.
Beneficios de la cero labranza
Para combatir este proceso, desde INIA promueven técnicas de conservación como la «cero labranza» o labranza mínima, que evita invertir la capa superficial del terreno.
Investigaciones de INIA demuestran que, en terrenos con labranza tradicional, se pierde más del 60% del agua de lluvia por escurrimiento y erosión.
Por el contrario, en suelos bajo sistema de cero labranza, la pérdida de agua disminuye a rangos de entre solo el 5% y el 7%, mejorando la infiltración y la humedad disponible.
Impacto del manejo agrícola
La investigadora Ingrid Martínez enfatizó que el uso de cubiertas vegetales y la rotación de cultivos son fundamentales para proteger los microorganismos benéficos y la materia orgánica.
«Un suelo con más materia orgánica es más resistente al paso de la maquinaria agrícola y al pisoteo de los animales», explicó la experta durante su intervención en Radio Sago.
La historia agrícola de Chile muestra que el manejo inadecuado, iniciado masivamente en 1850 con el cultivo de trigo, ha dejado huellas de degradación profunda en regiones vecinas.
La prevención de cárcavas —zanjas profundas en el terreno— es vital, ya que su rehabilitación es extremadamente costosa y requiere procesos de muy largo plazo.
Expertos sugieren a los productores locales observar el paisaje y adoptar medidas como fajas de infiltración en pendientes fuertes para asegurar la sostenibilidad de la actividad agropecuaria.
AUDIO ENTREVISTA: Ingrid Martínez, investigadora y Ingeniera Agrónomo del INIA Remehue.









