La fábrica de quesos artesanales de Melefquen, Panguipulli, cerró sus operaciones, poniendo fin a una iniciativa que buscaba replicar modelos de éxito internacional. La administración de la empresa citó una combinación de factores estructurales y coyunturales como las causas principales de esta determinación.

Pese al entusiasmo inicial de los emprendedores, el negocio enfrentó obstáculos significativos desde su etapa temprana, especialmente en lo que respecta a la cadena de suministros y la gestión de recursos humanos. Estos problemas se agudizaron en el periodo de postpandemia, haciendo inviable la continuidad de la producción.

Obstáculos en el abastecimiento lechero

Uno de los mayores desafíos detallados por los responsables fue la relación con los proveedores de materia prima en la zona. Desde la instalación de la fábrica, el abastecimiento de leche presentó dificultades constantes debido a la escala de la operación.

Los productores lecheros locales manifestaron reticencias para trabajar con plantas de menor envergadura. Según explican, desde la administración, este desinterés se fundamentaba en el volumen de producción y los riesgos de impago que percibían los proveedores.

«Efectivamente, desde el principio el abastecimiento de leche, los productores lecheros de la zona apoyaban, pero no estaban tan convencidos de trabajar con pequeñas queserías», señaló Juan Carlos Morales propietario del proyecto.

Impacto de los bajos volúmenes

La dificultad para mantener un proveedor estable se incrementó con el paso del tiempo. Para una quesería artesanal, la gestión de bajos volúmenes de producción dificulta la negociación de contratos de suministro a largo plazo.

Esta inestabilidad en la entrada de insumos básicos afectó directamente la capacidad de planificación de la empresa. Al no contar con una entrega regular de leche, la estandarización de los procesos productivos se volvió una tarea compleja para los fundadores.
El modelo, que inicialmente fue visto con optimismo tras estudiar experiencias en Argentina y España, se encontró con una realidad de mercado local poco flexible hacia los pequeños transformadores.

El factor laboral y la pandemia

A los problemas de suministro se sumó una crisis en la captación de personal especializado para las labores de la fábrica. La industria quesera artesanal exige una dedicación continua que, según los afectados, no encontró eco en la oferta laboral disponible.
La administración describió la labor como un «trabajo 24/7» que requiere un alto nivel de compromiso y entusiasmo por parte de los operarios. Sin embargo, encontrar trabajadores dispuestos a asumir estas condiciones resultó ser una tarea infructuosa.

«El conseguir trabajadores, personas que estuvieran entusiasmadas de hacer un trabajo como este… nos hizo finalmente cerrar las puertas», indicaron como factor determinante para el cese de funciones.

Consecuencias de la crisis sanitaria

La pandemia de COVID-19 actuó como el factor final que desencadenó el cierre. La crisis sanitaria no solo alteró los flujos logísticos, sino que también profundizó la escasez de mano de obra en el sector productivo.

Tras evaluar la inviabilidad de mantener la operación bajo estas condiciones, la fábrica procedió a la clausura de sus instalaciones. El cierre de esta quesería marca el término de una experiencia que sus fundadores calificaron como «bonita, pero dura».

La salida de este actor del mercado local pone de relieve las barreras de entrada y permanencia que enfrentan los pequeños productores artesanales frente a la gran industria lechera.