Chile se ha posicionado como uno de los principales centros de producción y exportación de semillas biotecnológicas a nivel global. Gracias a sus condiciones geográficas únicas, el país ofrece ventajas competitivas que lo convierten en un socio estratégico para empresas internacionales. Actualmente, más del 40% de las semillas de maíz y soya utilizadas en ensayos de biotecnología en el hemisferio norte provienen de Chile, lo que refleja su relevancia en el mercado mundial.
La ubicación en el hemisferio sur permite a Chile ofrecer contraestación, acelerando los ciclos de investigación y producción. Esto significa que mientras en Estados Unidos o Europa se desarrolla la temporada de cultivo, en Chile se pueden realizar pruebas y multiplicaciones de semillas, reduciendo los tiempos de validación en hasta un 50%. Esta ventaja temporal ha convertido al país en un laboratorio natural para el desarrollo de nuevas variedades resistentes a plagas y al cambio climático.
Los rendimientos son evidentes señala Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio.
En este escenario – agrega- Chile se ha convertido en un proveedor de semillas y de datos.
Otro factor clave es la rigurosidad de los estándares fitosanitarios. Chile mantiene protocolos de control que aseguran la calidad y pureza genética de las semillas exportadas. En 2025, las exportaciones de semillas alcanzaron un valor cercano a los US$ 700 millones, consolidando al país como el segundo exportador mundial en este rubro, solo detrás de Estados Unidos.
El impacto económico y científico de esta industria es significativo. Además de generar miles de empleos en regiones agrícolas como O’Higgins y Maule, el desarrollo de semillas biotecnológicas fortalece la seguridad alimentaria global. Chile no solo exporta un producto, sino que aporta innovación y conocimiento que permiten enfrentar los desafíos de la agricultura moderna en un contexto de creciente demanda mundial.









