La adopción de tecnologías avanzadas en el sector agrícola nacional registra un avance significativo mediante el uso de nanofertilizantes de alta eficiencia.

Esta innovación fue introducida en el país en 2017 por AgriScience Biological Chile, filial de la matriz con operaciones en Jordania y Turquía.

Según Francisco Olivares, gerente comercial y de I+D+i de la firma, los insumos someten sus materias primas a presiones y temperaturas extremas para lograr partículas menores a 100 nanómetros.

Partículas nanométricas de rápida absorción

El tamaño reducido de la partícula, recubierta con polímeros y materia orgánica coloidal, permite su ingreso directo a través de los estomas y espacios intercelulares de las plantas.

Este proceso optimiza el metabolismo vegetal y asegura que los nutrientes se distribuyan eficientemente en los tejidos.
Tras ser evaluados durante tres a cinco años junto a la Universidad de la Frontera, se demostró un incremento representativo en los rendimientos por hectárea.

Entre los cultivos beneficiados destacan cereales como trigo, cebada, maíz y raps, además de praderas y árboles frutales.
Reducción de urea y alianzas estratégicas

Dentro de la cartera de productos destaca Nano Energy, una fórmula con nitrógeno, fósforo, potasio y el alga Ascophyllum nodosum que actúa como bioestimulante y antiestresante foliar.

Aplicar dos litros de este insumo foliar logra reemplazar hasta 100 kilos de urea por hectárea en dos épocas críticas del año, sumando un ahorro anual de hasta 200 kilos de urea.

Esta eficiencia fue clave para sellar un convenio con la multinacional Nestlé, orientado a reducir las emisiones de CO2 al año 2030 en predios lecheros mediante una menor fertilización nitrogenada al suelo.

Por su parte, la línea Nano Movo Plus, formulada con boro y molibdeno, fortalece el tubo polínico y facilita la transformación del nitrógeno en proteínas.

Ahorro hídrico e integración con drones
La aplicación foliar de estos insumos encuentra su complemento ideal en el uso de drones agrícolas. Actualmente, un dron con capacidad de 100 litros de agua permite cubrir cinco hectáreas de cultivo.

En contraste, una pulverizadora tradicional requiere 200 litros de agua por hectárea, alcanzando 1.000 litros para la misma superficie.

Esta diferencia representa una disminución de hasta un 90% en el volumen de agua utilizado por labor y evita el daño por pisoteo en el terreno.

Los insumos se distribuyen desde la Región de Coquimbo hasta Osorno a través de cadenas distribuidoras como Coprinsem, Coagra y Copeval.

El avance de esta herramienta consolida una transición progresiva hacia una agricultura regenerativa de menor impacto ambiental en los campos chilenos.

AUDIO: Entrevista en Campo al Día a Francisco Olivares, gerente comercial y de I+D+i de AgriScience Biological Chile.