Entre los expertos coinciden en que la magnitud del impacto dependerá de la extensión del conflicto.

La intensificación del conflicto en Medio Oriente está golpeando duramente a los mercados globales y abre una pregunta clave para la economía chilena: ¿en qué plazo este shock externo podría traducirse en un impacto tangible?

El petróleo registró ayer su mayor salto en cuatro años, en medio del temor a eventuales disrupciones en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz. El petróleo WTI, referencia en Estados Unidos, se ubicó en US$72,62 por barril, registrando un avance de 2,41% en la jornada.

En tanto, el crudo Brent —referencia para Chile y el mundo— se situó en US$77,74 por barril, con un alza de 6,68%, reflejando una mayor presión compradora en los mercados internacionales.

Mientras tanto, el dólar en Chile saltó $25, llegando a los $909, y el futuro del cobre se cotizó en US$5,80 la libra, anotando una caída de 1,92% en la jornada del martes. Aunque por ahora los expertos descartan problemas de abastecimiento, el foco está en los precios. Chile es importador neto de energía y, por tanto, un repunte sostenido del petróleo y del dólar se traduce en inflación.

Para los economistas, el efecto no es inmediato, pero sí relativamente rápido en el componente energético del IPC. Cecilia Cifuentes, economista y directora del Centro de Estudios Financieros del ESE, advierte que la incertidumbre es alta. «Es bien difícil predecir en qué nivel se van a instalar el precio del petróleo y el tipo de cambio.

Esto puede tener impacto en los IPC de los próximos meses, pero dependerá de cuánto se prolongue la incertidumbre externa», sostiene. A su juicio, si el conflicto se mantiene por un mes, podría verse un efecto en los registros inflacionarios, aunque no necesariamente alteraría de forma significativa las proyecciones anuales. Sin embargo, sí podría postergar eventuales recortes de tasa por parte del Banco Central si la volatilidad persiste.

En la misma línea, el economista senior del OCEC-UDP, Juan Ortiz, explica que el conflicto comenzó prácticamente al cierre de febrero, por lo que el IPC de ese mes no recogería el shock. «El IPC de marzo es el primero que podría verse afectado, y eventualmente también el de abril», señala. Agrega, además, que el impacto se concentraría inicialmente en el IPC energético —que representa algo más del 8% de la canasta— a través de combustibles, gas y parafina.

En esa línea el economista Jorge Hermann, de Hermann Consultores, indicó a El Mercurio que este jueves la gasolina en Chile debería subir en torno a $20, pero producto del alza de la gasolina internacional que venía dándose antes del ataque de Estados Unidos a Irán. Sería, aseguró, a fines de marzo que las bencinas en territorio nacional subirían $25 por los efectos del conflicto en Medio Oriente.

En tanto, Ortiz explica que, en el caso de las bencinas, el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) suaviza los ajustes cada tres semanas, lo que implica un traspaso relativamente rápido, pero gradual. En el gas y el GLP, el efecto puede ser más rezagado, aunque igualmente relevante si el alza internacional persiste. Agrega que el segundo canal para medir el impacto es el dólar. Una mayor aversión al riesgo fortalece la divisa estadounidense, deprecia el peso y encarece las importaciones. «Puede tener incidencia en la inflación de forma más directa en aquellos bienes que se transan en dólares y se pagan en pesos.

Por ejemplo, eventualmente podría verse afectado al alza el pasaje aéreo», dijo Ortiz. «El impacto inflacionario va a existir, principalmente en el IPC energético y a través del incremento de un conjunto de productos importados, dado el alza del tipo de cambio», añadió. Desde Clapes UC estiman que el traspaso no es inmediato, pero sí relativamente rápido en energía, para luego difundirse al transporte y a otros bienes. Si las tensiones se prolongan, las presiones al alza podrían comenzar a reflejarse en el IPC de marzo y consolidarse posteriormente.
El consenso, por ahora, apunta a un efecto acotado, siempre que el conflicto no escale ni se prolongue más allá de uno o dos meses.

Pablo Pérez, economista del Instituto Libertad, sostuvo que «para que esto impacte de forma relevante el IPC, el shock debe extenderse por más de un mes. Si el petróleo se mantiene alto por uno o dos meses, veremos efectos inmediatos en combustibles y, con rezago, en transporte y alimentos. Mi evaluación es que, si el conflicto es acotado, el impacto será transitorio; si se prolonga y afecta la oferta global, podría retrasar la convergencia inflacionaria y limitar el margen del Banco Central». indicó.

Así, los expertos coinciden en que si el conflicto se estabiliza en las próximas semanas, el efecto en Chile podría sentirse de forma moderada entre marzo y abril. Pero si la tensión se prolonga y mantiene elevados el petróleo y el dólar durante varios meses, el impacto podría ser más persistente, presionando la inflación y reduciendo el espacio para una política monetaria más expansiva, lo que podría poner trabas al crecimiento.

Fuente: Emol.com