La evidencia científica disponible no permite establecer una relación causal entre el consumo de leche, queso o yogur y el cáncer de próstata, sostienen investigadores del Comité Científico de Lácteos, un cuerpo integrado por especialistas  de diversas universidades chilenas y de centros de investigación.

La evidencia disponible presenta resultados heterogéneos según el tipo de producto lácteo, la cantidad consumida y la forma clínica del cáncer de próstata. En el metaanálisis de Zhao et al. (2023), las asociaciones correspondientes a los desenlaces avanzado y fatal no alcanzaron significación estadística.

Para elaborar este análisis, Samuel Durán, doctor en Nutrición, académico de la Universidad San Sebastián y director del Comité Científico de Lácteos, examinó revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados desde 2008. Estos trabajos reúnen resultados de investigaciones realizadas en distintas poblaciones y abordan la relación entre el consumo de productos lácteos, la ingesta de calcio y el riesgo de cáncer de próstata. En conjunto, la evidencia presenta resultados heterogéneos según el tipo de producto, la cantidad consumida y la forma clínica de la enfermedad.

La evidencia examinada aborda la relación entre el consumo de productos lácteos, la ingesta de calcio y el riesgo de cáncer de próstata en distintas poblaciones. 

Al analizar los desenlaces clínicamente más graves de la enfermedad, no se observaron asociaciones estadísticamente significativas con el consumo de lácteos. El riesgo relativo fue de 0,98 para el cáncer de próstata avanzado y de 0,92 para el cáncer de próstata fatal. En ambos casos, los intervalos de confianza incluyeron el valor 1, por lo que las asociaciones observadas no alcanzaron significación estadística.

Gran parte de la evidencia disponible sobre el consumo de lácteos y el cáncer de próstata proviene de estudios observacionales, diseños que permiten identificar asociaciones, pero no establecer por sí solos relaciones causales. Estos estudios registran los hábitos alimentarios de grandes grupos de personas y evalúan su relación con diagnósticos posteriores, sin intervenir directamente sobre la dieta. Aunque sus análisis pueden ajustarse por diversos factores de confusión, no es posible descartar completamente su influencia. Por ejemplo, quienes consumen más lácteos pueden diferir en variables como el peso corporal, la actividad física, el tabaquismo o la frecuencia con que realizan controles médicos.

“La mayor parte de la evidencia disponible proviene de estudios observacionales, que pueden estar afectados por factores de confusión, diferencias en los patrones alimentarios y estilos de vida, errores en la estimación del consumo y diferencias en el acceso o la frecuencia de realización de pruebas de detección, como el PSA”, precisa Durán. Uno de sus investigaciones fue reconocida en la Cumbre Mundial de la Leche 2024, realizada por la Federación Internacional de la Leche (IDF-FIL) en París, por un estudio poblacional que relacionó el consumo de lácteos con un menor riesgo de obesidad.

Resultados dispares entre metaanálisis

Una proporción importante de los cánceres de próstata se detecta mediante la determinación del antígeno prostático específico (PSA), incluso en hombres sin síntomas. Por ello, una población sometida a controles más frecuentes puede presentar un mayor número de casos diagnosticados, sin que esto necesariamente implique una mayor incidencia real de la enfermedad. Si los grupos con mayor consumo de lácteos también acceden con mayor frecuencia a controles de salud, las diferencias en la intensidad del tamizaje podrían influir en la asociación observada.

Las asociaciones que han dado origen a esta discusión provienen principalmente de estudios que evaluaron la relación entre consumos elevados de determinados productos lácteos o de calcio y el diagnóstico de cáncer de próstata. En conjunto, los resultados han sido heterogéneos y las asociaciones observadas, cuando están presentes, son generalmente de pequeña magnitud. Algunos estudios han identificado asociaciones positivas modestas, mientras que otros no han encontrado asociaciones estadísticamente significativas.

Las diferencias se hacen más evidentes al analizar los tumores según su curso clínico. Los cánceres de próstata de crecimiento lento y mejor pronóstico se incluyen en las estadísticas junto con formas más agresivas de la enfermedad. Esta heterogeneidad puede influir en las asociaciones observadas cuando se analiza el cáncer de próstata como un único desenlace. “Cuando se analizan por separado las formas de mayor gravedad clínica, como el cáncer de próstata avanzado o fatal, la asociación con el consumo de lácteos se debilita y no alcanza significación estadística”, sostiene el académico de la Universidad San Sebastián.

Esta falta de consistencia también se refleja en la evaluación internacional de la evidencia. El World Cancer Research Fund (WCRF) clasifica la evidencia sobre la relación entre el consumo de productos lácteos y el cáncer de próstata como “limitada-sugestiva”, una categoría que no permite formular recomendaciones dietarias específicas para la población.

Nutrientes, acceso y malnutrición

Los productos lácteos aportan nutrientes relevantes, entre ellos proteínas de alto valor biológico, calcio, vitamina B12 y yodo. Además, su consumo ha sido asociado con un menor riesgo de cáncer colorrectal. Por ello, la evaluación de un grupo de alimentos no debería basarse exclusivamente en su posible asociación con un único desenlace de salud, sino considerar el conjunto de la evidencia disponible, así como su aporte nutricional.

El escenario alimentario global añade una dimensión adicional a esta discusión. En 2025, alrededor de 2.100 millones de personas, el 25,8% de la población mundial, experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave, mientras que la prevalencia de obesidad en adultos alcanzó el 16,2%, según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026, elaborado por cinco organismos de las Naciones Unidas.

En este contexto, cualquier recomendación orientada a restringir o eliminar un grupo de alimentos debe considerar no solo su posible relación con un desenlace específico, sino también su aporte nutricional y el conjunto de la evidencia disponible. En el caso de los lácteos, la evidencia revisada no sustenta una recomendación poblacional de eliminarlos de la alimentación como estrategia para prevenir el cáncer de próstata.

Los lácteos figuran entre las fuentes de proteína de alta calidad y de menor costo disponibles para esa población, un atributo que la discusión centrada en un solo desenlace clínico tiende a omitir. La lectura correcta de los datos, para el investigador, no admite una indicación poblacional de eliminar estos alimentos, ya que eso significaría ir contra una de las recomendaciones más consensuadas por las guías alimentarias de la mayoría de los países.

“Algunos estudios observacionales han identificado asociaciones modestas, particularmente con consumos elevados, pero estas asociaciones no demuestran causalidad y no son consistentes entre las distintas categorías de productos lácteos ni para las formas avanzadas o fatales de la enfermedad. En conjunto, la evidencia disponible no sustenta una recomendación de eliminar los lácteos de la alimentación como estrategia para prevenir el cáncer de próstata”, concluye Durán.

El Comité Científico de Lácteos del programa Gracias a la Leche reúne a académicos de distintas universidades chilenas y a investigadores de centros como el INTA y el INIA. Entre sus antecedentes se cuentan publicaciones en revistas científicas como Nutrición Hospitalaria y PLOS ONE. Algunos de sus integrantes también participaron como autores del libro Lácteos: Nutrición y Salud, publicado por el Consorcio Lechero en 2020 a través del programa Gracias a la Leche. La obra reúne y analiza evidencia de más de 1.500 estudios sobre el consumo de leche y productos lácteos y su relación con la salud en distintas etapas de la vida, con la participación de 54 autores de universidades de Chile y América Latina